martes, enero 18, 2011

LA LUCHA HEROICA DEL PUEBLO HAITIANO

Desde Venezuela


LA LUCHA HEROICA DEL PUEBLO HAITIANO


ELIGIO DAMAS


Lo primero que uno se pregunta al saber del regreso a Haití de Baby Doc Duvalier es:
¿En qué consiste esa jugada?
El actual presidente René Preval, dijo tiempo atrás que en caso que el ex dictador, hijo de Francois Duvalier, también dictador y de quien el anterior heredase el poder a los 19 años, cual si Haití fuese una monarquía, se presentase en el país sería detenido, enjuiciado por sus delitos, los cuales forman una larga lista que incluye peculado, tortura, desapariciones, genocidio y sigue.
Pero simplemente, de repente, cuando nadie lo esperaba, Duvalier, hijo, abandona su tranquilidad de 25 años en París y se presenta en Puerto Príncipe, como si nada. Se aloja en un hotel bajo un relativo mutismo, como esperando el amanecer. Después de 24 horas de su arribo a Puerto Príncipe, no sòlo no ha sido detenido sino que se le presta una total seguridad.
El texto que sigue corresponde a un artículo escrito en 1986, dos días antes que Jean Claude, abandonase Haití. En el sustentamos la hipótesis que el Departamento de Estado se inclinaría por sacarle antes que se produjese un levantamiento popular como tantas veces en la historia de Haití.
La llegada del exiliado en París, hoy parece darle más valor a lo dicho en aquella oportunidad. ¿No será una jugada del poder gringo con un doble propósito?
Uno, ¿Acaso para tantear la reacción que la presencia del ex dictador produciría en todo Haití y en caso de ser posible buscar la manera de ponerle en el gobierno?
Dos, ¿No será que a la diplomacia gringa y sus jefes militares, les ha invadido el temor que por la vieja historia haitiana, del fondo de la tierra, de las entrañas populares, reaparezca alguno de aquellos heroicos líderes licantrópicos, encarnado en algún joven que hoy deambula por las calles de Puerto Príncipe, lo que quieren evitar a toda costa?

LOS HÈROES DEL PUEBLO HAITIANO


Eligio Damas

En todo el lado oeste de La Española, la negritud estaba convencida que aquellos misteriosos envenenamientos del ganado, de los odiados perros negreros y amos blancos, eran obra de aquel negro mandinga manco del brazo izquierdo; de aquel ladino y carismático mago de las artes licantrópicas que transformado en reptil, roedor o ave, podía penetrar a la cocina e incluso llegarse hasta la mesa de los amos y depositar el efectivísimo veneno que él mismo, depositario de cierta sabiduría popular, sabía preparar.
Aquel Mckandall, seguramente de apellido tomado indebidamente, el mismísimo negro mandinga adorado por todas las negras de Haití, se le escapó a la muerte misma, según el decir de los braceros esclavos ­ hijos, nietos y biznietos de Africa - transformándose en insecto en el preciso instante en que los soldados mercenarios franceses lo empujaban a la hoguera.
Y entonces, aquel mandinga de poderes licantrópicos, que podía a placer, por voluntad suya, ser serpiente, caballo, león o cisne, se fue a la montaña a organizar cimarrones en guerrillas, como dijese el poeta haitiano René Depestre, bajo el signo exclusivo del fuego, del veneno y un odio ilimitado a la injusticia.
Y esta larga historia de héroes licantrópicos, dirigentes populares y al mismo tiempo brujos, hechiceros y líderes religiosos, que no es más que la historia mágica del pueblo afro-americano, es coherente con ese extraño y secreto sincretismo que en el vudú, religión americana resultante del apareamiento del cielo y el infierno, de Africa y Europa y viceversa, en el espacio americano. Una forma religiosa de protestar contra la injusticia secular para con los negros. El vudú, la fusión dinámica de lo cristiano y lo pagano, lo europeo y lo africano, lo blanco y lo negro, se transformó en una herramienta espiritual para luchar contra lo injusto según la valoración del negro haitiano.
Más tarde, un negro, a quien llamarían Fatras Baton por su porte raquítico, quien se auto bautizaría como Toussian Louverture, un nombre también prestado, como el de todos los esclavos de América, llegaría, por sus méritos, por su talento, a general del ejército revolucionario francés y él, bajo el gobierno de Napoleón, declararía la guerra a los franceses por la independencia de su isla. Pronto la crueldad colonial francesa acabaría con los sueños de aquel negro que quiso que las declaraciones rimbombantes y multicolores de igualdad, gritadas desde Francia, se hiciesen verdaderas en su tierra.
Otro negro, esclavo como aquel licantrópico mandinga y el brillante general revolucionario, bajo una bandera azul y roja y la consigna "La Union faie la force", llamado Jean Jacques Dessalins, en 1804, condujo su país a la independencia.
Las inconsecuencias, las traiciones, los apetitos bastardos de los medradores, contribuyeron a que Francia volviese a controlar Haití. Hasta que en 1915, el gobierno de Estados Unidos, haciendo uso y abuso de la hipócrita Doctrina Monroe, invadió la tierra de Petión.
Y era que otro héroe, y Haití los ha parido por montones, llamado Charlemagne Peralte, digno sucesor del mandinga Mckandall, de Louverture y Dessalins, en la dirección de un gigantesco movimiento popular de más de 10 mil guerrilleros, amenazaba con expulsar a los franceses y un programa popular.
Lo demás, por reciente, es historia conocida. Es evidente que hoy, los planes del Departamento de Estado no se concilian con la presencia de "Baby Doc Duvalier en Haití. El descontento popular alcanza niveles que Estados Unidos considera peligrosos. y un pueblo con esa historia de líderes populares arrojados y mártires y esa tradición de lucha, en las circunstancias de hoy, no deja de ser mortificante.
Por eso, la política de Estados Unidos hoy parece estar orientada a expulsar a Duvalier.
Es por el temor a un nuevo mandinga, un Charlemagne Peralte y la vecindad con Cuba, que las violentas protestas del pueblo haitiano contra el duvalierismo adquieren sentido de cambio en el Departamento de Estado.
Y habrá ya un cambio, al estilo de Tomase de Lampedusa, para que nada cambie. El licantrópico Reagan hará de "gato pardo".
Diario de Oriente, Barcelona 1986.

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